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La verdad histórica


EL QUEHACER DE LOS HISTORIADORES DEBE SER PUESTO ENTERAMENTE AL SERVICIO DE LA VERDAD — Los historiadores pueden falsear los hechos, al servicio de ideologías, pero no deben hacerlo: pueden pero no deben. Este transtorno que consiste en hacer lo que se puede pero no se debe es por desgracia bastante corriente. Tiene su origen en diversos tipos de patología, que se pueden resumir en dos: de origen social (ideologización, cinismo, politización, etc.) y de origen psíquico (frustraciones diversas, alteraciones de la personalidad y deformaciones adquiridas por una educación descuidada). Por consiguiente, es necesario que, por una lado, se produzca un rechazo social y científico de aquellos historiadores que descuidan el gravísimo deber de indagar sobre la verdad completa de los hechos históricos y de los docentes que la transmiten con maliciosas deformaciones; por otro lado hay que individuar y poner remedio a esa especie de neurosis colectiva que se da en personalidades patologizadas que vuelcan su malestar psíquico en forma de ideología; y que no es este el lugar adecuado para analizar o diagnosticar. En la práctica, no resulta fácil separar el trigo de la paja. Los delincuentes deberían sufrir las consecuencias de su irresponsabilidad y de su incompetencia: las han de sufrir en el terreno social, al margen de que las sufran en el terreno judicial. Es decir, una sociedad sana, y los individuos que la integran, deben desplegar los necesarios mecanismos de defensa para rechazar las conductas dañinas —sea cual sea su origen—, llamando a cada cosa por su nombre. A continuación, recogemos ejemplos de manipulación historiográfica, donde se amalgaman datos reales con interpretaciones arbitrarias.  - enlace A         enlace B


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Voltaire: memoria histótica.

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